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DESTACADA17 de octubre de 2026

Kicillof puso la lealtad en clave de futuro y se anotó para conducir

El gobernador bonaerense aprovechó el 17 de octubre para confrontar con Milei y ratificar su disposición a asumir mayores responsabilidades. Entre los homenajes y las diferencias internas, el peronismo volvió a discutir quién puede encabezar su próxima etapa.

Kicillof puso la lealtad en clave de futuro y se anotó para conducir

Axel Kicillof eligió el Día de la Lealtad para dejar un mensaje que excede la conmemoración. Desde González Catán, en La Matanza, reivindicó las banderas históricas del peronismo, cuestionó el rumbo del Gobierno nacional y volvió a ofrecerse para asumir las responsabilidades que demande la reorganización opositora. La fecha miraba hacia 1945; la señal política, hacia 2027.

“Sin justicia social no hay libertad verdadera”, sostuvo el mandatario. Con esa definición buscó disputar una de las palabras centrales del discurso de Javier Milei. En su planteo, la libertad requiere condiciones materiales que permitan ejercerla: trabajo, derechos y posibilidades de progreso.

La intervención tuvo también una dimensión interna. Acompañado por Verónica Magario y Fernando Espinoza, Kicillof recibió cánticos que lo proyectaron hacia la Presidencia. Antes del acto había expresado su disposición a organizar y asumir responsabilidades. Sin necesidad de convertir la jornada en un lanzamiento formal, volvió a ubicarse entre quienes aspiran a conducir la alternativa al oficialismo.

La escena se produjo en un peronismo que llegó al aniversario con actividades separadas. La convocatoria en La Matanza convivió con la movilización de La Cámpora hacia el domicilio de Cristina Fernández de Kirchner y la presencia de Máximo Kirchner en Chaco. Esa dispersión permite una lectura incómoda: compartir una identidad histórica todavía no alcanza para acordar una conducción.

En paralelo, el mensaje enviado por Kicillof a la CGT puso el acento en el empleo digno, la producción nacional y la soberanía. La idea de que la lealtad se demuestra con hechos funciona, además, como una vara para medir al propio espacio que la pronuncia.

Allí aparece el desafío que deja esta jornada. El peronismo conserva símbolos capaces de movilizar y dirigentes dispuestos a encabezar. Lo que todavía debe construir es una explicación convincente sobre cómo gobernaría, qué corregiría de sus experiencias anteriores y cómo respondería a quienes dejaron de confiar.

Kicillof mostró voluntad de ocupar ese lugar. Para consolidarlo necesitará que su convocatoria viaje más allá de los actos partidarios y encuentre destinatarios entre trabajadores informales, comerciantes, jóvenes y familias que no ordenan sus preocupaciones según las internas políticas.

El 17 de octubre puede darle impulso a una candidatura. La confianza necesaria para ganar una elección exige algo más: demostrar que la lealtad al pueblo también incluye escuchar lo que ese pueblo cuestiona del propio peronismo.

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