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DESTACADA18 de septiembre de 2026

El fenomeno del Niño

El niño se fortalece y sus efectos pueden ser mayores a lo calculado inicialmente

El fenomeno del Niño

EL NIÑO SE FORTALECE: QUÉ ES Y CÓMO PUEDE AFECTAR A SUDAMÉRICA

El calentamiento del Pacífico ecuatorial vuelve a ocupar un lugar central en la agenda climática mundial. Los últimos informes de los organismos especializados indican que El Niño se está fortaleciendo y podría alcanzar una intensidad muy marcada durante la primavera y el verano 2026-2027. Su evolución será seguida especialmente en los países ubicados frente al Pacífico, pero también en Brasil, Uruguay, Argentina y Paraguay, donde suele modificar el régimen de lluvias y elevar el riesgo de fenómenos extremos.

¿QUÉ ES EL FENÓMENO DE EL NIÑO?

El Niño es la fase cálida de un ciclo natural conocido como El Niño-Oscilación del Sur, o ENOS. Se desarrolla cuando la temperatura de la superficie del mar aumenta por encima de lo normal en amplias zonas del Pacífico tropical central y oriental.

En condiciones habituales, los vientos alisios empujan las aguas cálidas hacia el oeste del océano y permiten el ascenso de aguas más frías frente a las costas sudamericanas. Durante El Niño, esos vientos se debilitan y el agua cálida se desplaza hacia el centro y el este del Pacífico. La alteración modifica la circulación atmosférica y repercute en las lluvias, las temperaturas y los sistemas de tormentas de distintas regiones del planeta.

No se trata de una tormenta ni de un episodio aislado. Es un fenómeno oceánico-atmosférico de gran escala que generalmente se extiende durante varios meses y suele alcanzar su máxima intensidad hacia fines de año. Tampoco produce exactamente las mismas consecuencias en todos los episodios: su impacto depende de la intensidad, la época en la que se desarrolla y la interacción con otros factores climáticos.

UNA SEÑAL GLOBAL, PERO CON EFECTOS REGIONALES DIFERENTES

El Niño suele ejercer una influencia temporal de calentamiento sobre la temperatura media mundial. También puede redistribuir las precipitaciones, favoreciendo inundaciones en algunas regiones y sequías en otras. Sin embargo, los especialistas remarcan que sus efectos deben interpretarse como un aumento de probabilidades y no como un pronóstico exacto para una ciudad o una fecha determinada.

En el Pacífico ecuatorial sudamericano, particularmente en Ecuador y el norte de Perú, el calentamiento del mar puede favorecer precipitaciones intensas, inundaciones, deslizamientos y daños en caminos, viviendas y cultivos. También puede alterar los ecosistemas marinos: al reducirse el ascenso de aguas frías y ricas en nutrientes, pueden verse afectadas la distribución de peces y algunas actividades pesqueras.

Más al oeste, varias islas y países del Pacífico pueden atravesar condiciones más secas de lo habitual, con presión sobre las reservas de agua, la agricultura y la producción de alimentos. La ubicación y magnitud de esos efectos varían de acuerdo con cada episodio.

ARGENTINA: MÁS LLUVIAS EN EL CENTRO Y EL LITORAL

En la Argentina, la señal histórica más consistente de El Niño durante la primavera y el verano es una mayor probabilidad de precipitaciones superiores a las normales en el Litoral, el noreste y parte de la región central. Entre Ríos, Corrientes, Santa Fe, Misiones y sectores de Buenos Aires suelen ser algunas de las zonas más sensibles.

Esto puede beneficiar la recuperación de la humedad de los suelos y mejorar las perspectivas de algunos cultivos después de períodos secos. Al mismo tiempo, eleva el riesgo de tormentas intensas, anegamientos urbanos, excesos hídricos rurales y crecidas en la cuenca del Plata. En ciudades ribereñas como Concordia, la atención se concentra además en la evolución de las lluvias acumuladas en toda la cuenca del río Uruguay, ya que el nivel local no depende únicamente de lo que llueva en la ciudad.

El comportamiento no será uniforme en todo el territorio argentino. La Patagonia, Cuyo y el noroeste pueden presentar señales diferentes o menos definidas, por lo que los pronósticos regionales del Servicio Meteorológico Nacional serán determinantes para evaluar cada zona.

URUGUAY: ATENCIÓN A LOS EXCESOS HÍDRICOS

Uruguay suele registrar, bajo condiciones de El Niño, una mayor probabilidad de lluvias por encima de los promedios, especialmente durante la primavera y el verano. Esto puede favorecer la disponibilidad de agua y las pasturas, pero también incrementar el riesgo de inundaciones, erosión de suelos, dificultades para las cosechas y problemas en la infraestructura vial rural.

Las cuencas compartidas con Brasil y la Argentina obligan a realizar un seguimiento regional. Una sucesión de lluvias intensas en territorio brasileño, uruguayo o argentino puede trasladar sus efectos aguas abajo, aun cuando en una localidad determinada no se hayan producido precipitaciones extraordinarias.

PARAGUAY: CRECIDAS, AGRICULTURA Y NAVEGACIÓN

En Paraguay, El Niño suele asociarse con una mayor posibilidad de lluvias abundantes en distintos sectores del país. La consecuencia puede ser una mejora en la disponibilidad hídrica y en los caudales de los ríos Paraguay y Paraná, importantes para el transporte y la generación de energía.

No obstante, si las precipitaciones se concentran en períodos cortos o persisten durante semanas, aumentan los riesgos de inundaciones, evacuaciones, pérdida de cultivos y afectación de caminos rurales. Las crecidas de los grandes ríos dependerán, además, del volumen de lluvias registrado en el conjunto de sus extensas cuencas.

BRASIL: UN PAÍS CON IMPACTOS CONTRASTANTES

Por su tamaño, Brasil no recibe una única señal. El sur del país —en especial Rio Grande do Sul, Santa Catarina y Paraná— suele experimentar mayores probabilidades de lluvias intensas y persistentes durante El Niño. Esto puede generar inundaciones, deslizamientos, daños agrícolas y aumentos de caudal en cursos de agua que también integran la cuenca del Plata.

En cambio, sectores del norte y nordeste brasileño pueden presentar lluvias inferiores a las habituales, con riesgo de sequía, estrés para los cultivos, reducción de reservas de agua y mayor vulnerabilidad frente a incendios. En la Amazonia, los efectos pueden variar según la estación y la ubicación, por lo que no corresponde extender una misma previsión a todo el territorio.

PREVENCIÓN Y SEGUIMIENTO PERMANENTE

La posible intensidad del episodio obliga a reforzar el monitoreo de ríos, represas, suelos y reservas de agua, además de revisar los sistemas de alerta temprana y los planes de evacuación. El sector agropecuario deberá seguir con atención los pronósticos estacionales y de corto plazo, mientras que las ciudades tendrán que mantener desagües y protocolos preparados ante lluvias concentradas.

El Niño no determina por sí solo todo lo que ocurrirá en los próximos meses. Puede modificar las probabilidades climáticas generales, pero cada tormenta, ola de calor, sequía o crecida dependerá también de otros procesos atmosféricos y oceánicos. Por eso, la información debe actualizarse periódicamente mediante los servicios meteorológicos oficiales.

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